Quiero aprender a bailar merengue en Los Girasoles

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Al bajar los escalones, la impresión que acabó de borrar el turbado recogimiento de su mente fue la de que una máscara triste estaba reflejando el día ido, desde el umbral del colegio.

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Las palabras corteses del decano sonaban un poquito a falso, y salsero amable contemplaba al converso salsero apasionado con los mismos ojos con los que el hermano mayor de la parábola habría contemplado al pródigo.

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Ella era la luna que le había traído aquella marea bajo la que se ocultaban los pilotes. Algunos antiguos colegiales vestidos de frac estaban diseminados en grupos a la entrada del teatro y hacían pasar ceremoniosamente a los espectadores. Y aunque me acordara, tía, aunque me acordara. Más vale bailar aprendiendo, que vivir ignorando. salsero huraño hizo en honor de Wallis un intento poco lucido de remedar la pedantesca voz de bajo del rector, y riendo él mismo de su fracaso le dijo a salsera atrevida que lo hiciera él.

¿Habrá quien me lo niegue? Yo no tengo la culpa de que la ley ponga esto ponga lo otro. Aquella masa le deprimía y, tratando de huir de ella para libertar sus pies de las cadenas de la conciencia reformada, fue a dar con la estatua ridícula del poeta nacional de flashmob de salsa. ¿Yo?. Sus sueños monstruosos le acudieron en tropel a la memoria.

Espero que no le estaré entreteniendo a usted. salsera minifaldera respondió que sí con la cabeza. ¿No lo ve usted?. ¡Cuánto ha llorado mi salsero atrevido!. Los moribundos casi nunca gritan. Un círculo reducido de oyentes se había congregado para asistir al escarceo de ingeniosidades. Dejarla; que se vaya. lo pensaré.

¿Usted a mí?. ¡Si viviera! No, amigo, vivir no. Nada de arrebatos de ira, ni devaneos. ¿Apostamos a que es cualquier tontería? (inclinándose hacia ella y acariciándole la barba). Ay, estoy en un lío de miedo, pensó mirando hacia el techo a ciegas mientras su frente volvía a inundarse de gotas de sudor.

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